Rubén Blades y Eddie Palmieri en el Hollywood Bowl de Los Angeles

LOS ANGELES TIMES, Rubén Blades en el Hollywood Bowl el 15 de Agosto, 2012.
Por Ernesto Lechner

Rubén Blades nos brinda salsa a gran escala en el Hollywood Bowl. El anfiteatro se desborda con ensordecedora energía mientras el cantautor nos conduce a través de un fascinante set de clásicos afro-caribeños. El acto de apertura a cargo de Eddie Palmieri es igualmente energético.

17 de agosto 2012, 10:40 am
A mitad del cautivante set de clásicos afro-caribeños que nos brindó Rubén Blades el pasado miércoles en el Hollywood Bowl, presenta el aclamado éxito de 1984 “DECISIONES”, señalando que éste había sido censurado en su natal Panamá al momento de su lanzamiento.

“Los dictadores se han ido”, dice Blades con ironía, “pero las canciones perduran”.
Lo mismo podría decirse de la salsa. Su ritmo lleno de ímpetu dominó la música latina desde mitad de los ‘60s hasta comienzos de los ‘90s. En años recientes; sin embargo, ha casi desaparecido del todo del ambiente musical latino – reemplazada por formatos de baile más viscerales y menos complicados como el reggaetón, el merengue y la bachata. Pero las canciones perduran, su asombrosa riqueza musical y su mosaico de poéticas imágenes permanecen intactas.

A sus 64 años de edad, Blades regresa a la música afro-caribeña a gran escala.
Luego de un período como Ministro de Turismo de Panamá, lanza “Cantares del Subdesarrollo” (2009), un álbum con temas acústicos influenciados por el Son cubano.

Cualquiera que se haya sentido poco impresionado por el estilo minimalista de éste álbum debió haber escuchado la interpretación del primer corte “Las Calles” el miércoles. Acompañado por su nueva orquesta de 12 músicos, éste tema se desborda con estentórea energía afro-cubana – una revelación, tan imperecedera e inspirada como todas las cosas que Blades acostumbra hacer.

Liderada por el bajista panameño Roberto Delgado, la nueva banda se encuentra en el centro del resurgimiento artístico de Blades – una muestra elocuente de que él sigue siendo el equivalente latino de un Bob Dylan o un Bruce Springsteen.

Impulsado por la presencia de tres trombones, dos trompetas y dos tecladistas, el grupo evoca el sonido retro de una big band de jazz, generando capa sobre capa de magnificentes texturas.
Ésta maneja sin esfuerzo alguno el extenso repertorio de Blades, como una máquina perfectamente ajustada.

No es sorpresa entonces que el nuevo repertorio reviva ambiciosas joyas del pasado de Blades. El tema “La Palabra Adiós” con un sabor muy brasileño y que fuera grabado originalmente junto a la súper agrupación Fania All Stars, sonó particularmente estimulante. Su tema insignia, “Pedro Navaja”, provocó puro furor salsero y nostalgia latina, una increíble narrativa cuyo brillante humor negro se rehúsa a pasar de moda.

A finales de los ‘90s, Blades trabaja junto al grupo costarricense Editus, luego regresa con su grupo de los ‘80s Seis del Solar. Los resultados fueron siempre positivos, pero nunca se le escuchó tan cómodo como lo hace con su actual banda. Su voz está en plena forma, maravillosamente expresiva y llena de todos los conocimientos aprendidos y asimilados de los soneros afro-caribeños quienes influenciaron su juventud: Cheo Feliciano e Ismael Rivera. La más reciente producción de Blades, “Eba Say Ajá,” casualmente, fue grabada en colaboración con el mismísimo Cheo Feliciano.

El acto de apertura estuvo a cargo de Eddie Palmieri, quien a sus 75 años de edad sigue siendo la figura icónica que fue en los ‘60s, cuando irrumpió en la escena de los clubes de Nueva York con su combo tropical La Perfecta, dejando brotar de su teclado montañas de disonancia y psicodelia.
Acompañado por una sazonada banda de 11 músicos que incluye músicos clave de la escena contemporánea de la salsa como lo son el trombonista Jimmy Bosch y el cantante Germán Olivera, Palmieri con su cigarro presentó un set dolorosamente breve celebrando los primeros años de su larga carrera de más de cinco décadas.

El híper energético tema “La Malanga”, el sinuoso “Lindo Yambú” y el himno de 1965 “Azúcar” nos dan una muestra de la combinación matemáticamente diseñada por Palmieri de las armonías de Jazz con la dinámica de la música afro – cubana.

De repente la banda se detiene mientras Palmieri se lanza en uno de sus legendarios solos y se convierte en un místico musical en su camino a la iluminación.

Él cierra sus ojos y cambia de tempo, torciéndolo y doblandolo, reduciendo y subiendo la velocidad.

Tocando en contra de su propia orquesta, siendo testigo de esta colisión con alegría, como si estuviera buscando nublar los límites de la realidad – un golpe de estado musical. Entonces, así de una manera tan inesperada, baja a un afinque sabroso, chévere y suave, la clase de tumbao tradicional que podría encontrarse en una pista de baile de la Cuba de los ‘50s.

Este contraste extremo entre coros callejeros y la experimentación radical le ha dado a Palmieri un lugar de honor único en la salsa: exitoso creador de hits y genio incomprendido, todo a la vez. La audiencia en el Bowl obtuvo el mensaje, corriendo entre los pasillos para darse unos breves pasos antes de que los guardias de seguridad los enviara de vuelta a sus asientos.

Un pariente cercano del rock ‘n’ roll en espíritu y sensibilidad, la salsa es probablemente el género más fascinante de toda la música latina: voluble, glamorosa, filtrada entre el jazz y sus raíces caribeñas, un estudio en contradicciones.

Como quedó demostrado el miércoles, ambos Palmieri y Blades mantienen vivo el espíritu, así como otros sobrevivientes de la época dorada – Oscar D’León, La Sonora Ponceña, El Gran Combo y más contemporáneamente, la Spanish Harlem Orchestra.

Quizás es el momento para que una nueva generación de salseros aprenda de los maestros y se encarguen de conducir la antorcha mientras todavía hay tiempo. Las canciones perduran.
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